"La enfermedad es una creación, a veces única, que el individuo es capaz de hacer, y para
comprenderla es preciso dar curso libre a la sensibilidad", comenta Bertherat.
Músculo por músculo, cada paciente recorre todos los rincones de su
cuerpo que se reinscriben en el disco rígido del cerebro con un concepto nuevo de solidaridad:
el cuerpo es un todo integrado que no deja de lado a las emociones.
Las clases de "antigimnasia" son grupales y al finalizar cada encuentro se incluye la reflexión
como una herramienta terapéutica capaz de integrar el saber racional a ese otro saber más
primitivo que habla desde el cuerpo.
La antigimnasia no se propone resolver los conflictos emocionales subyacentes a los bloqueos
corporales, sin embargo, Bertherat admite que el trabajo corporal puede desencadenar una
catarata de sensaciones y emociones que estaban contenidas en el cuerpo y que es preciso
elaborar verbalmente.
"Personalmente, preferiría quedarme con el aspecto fisiológico, pero no puedo ignorar que las
personas mantienen en el cuerpo dolores que arrastran desde la cuna y funcionan como verdaderas
defensas para protegerse de sufrimientos ocultos.
Si no tenemos en cuenta esas formas de defensa podemos trabajar con la mejor técnica corporal
que no vamos a lograr efectos duraderos".
Hoy confirma: "Nuestro cuerpo es nosotros mismos. Conocerlo en su integridad, aprender a
escucharlo y a reconocer las leyes que lo gobiernan, progresivamente nos permite
reestructurarlo en su totalidad, liberarnos de nuestras limitaciones y en definitiva, ser más
humanos."
Fuente: Tesy De Biase para LA NACION | 30.07.2006 | Página 18 | Ciencia/Salud (LA NACION)
Editado por el
Dr. Héctor H. Zorrilla
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