Pero lo cierto es que ahora para determinar su presencia hay exámenes muy concretos: "No hay
que hablar de estrés, sino de "Síndrome de estrés" que es un conjunto de síntomas.
Para determinarlo se realizan estudios complementarios que permiten dar racionalidad clínica a
esta entidad.
Se mide el nivel de cortisol en sangre, si da por encima de lo normal, se puede
hablar de estrés", explica Daniel López Rosetti, director de la "Sociedad Argentina de Medicina
del Estrés" (SAMES).
"También se mide la vulnerabilidad: existen factores psicobiológicos que determinan que una
persona sea más vulnerable que otra al estrés.
Respecto de factores físicos, será más vulnerable aquel que llamamos "reactor tenso", una
persona que reacciona físicamente a la presión del entorno con aumento de la presión arterial,
mayor frecuencia cardiaca, aumento de la temperatura dérmica superficial, transpiración y una
actividad en el electrocardiograma por encima del promedio.
En el aspecto psicológico se habla de "personalidad tipo A", un estilo conductual que propende
a la enfermedad cardiaca, son personas dinámicas, competitivas y agresivas.
Por lo tanto, la peor situación la tendrá aquel que registre ambas vulnerabilidades, la física
y la psíquica. Aunque el sujeto esté sano, tiene una vulnerabilidad más alta".
De este modo el estrés dejó de ser sólo una entidad psicológica indemostrable. Cada vez más se
tiene en cuenta su correlato químico, es decir, el rastro que su presencia inscribe en el
cuerpo físico.
"La psiconeuroinmunoendocrinología clínica es la integración mente cuerpo con el sustrato
biológico.
Es el camino de ida y vuelta", explica Alberto Intebi, director del "Instituto
Argentino de Psiconeuroinmunoendocrinología" y encargado del Área de
Psiconeuroinmunoendocrinología de la SAMES .
El mecanismo biológico que activa el estrés generalmente se ubica en el hipotálamo, allí hay
distintos núcleos y puede dispararse hacia otros sistemas, el respiratorio por ejemplo.
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